Que
amargo fue desconocerte,
volar
hasta tu cuello
y encerrarme en ese maravilloso
cuento
de hadas que se encuentra
en tu
cabeza;
donde
las cosquillas
son el
síndrome mas bonito
de
felicidad.
Te
gusta espolvorear tu esencia
con esa
mágica forma de sonreír tan peculiar,
encantando
a los seres malignos
que
viven en mi conciencia,
y apartarme.
Repito,
que
desafortunado el desconocerte
y el
conocerte dormida.
El ser
la única que puede desear
que se
pare el tiempo cuando respiras a mi lado
el ser
la única que puede vivir esa
melodía
de respiraciones y frenesí,
que
repites entre tus sabanas,
desnuda.
El
poder abrigarte
con una
desesperada risa,
y el
abrazarte con mi melancolía.
Te
miraré despacio,
mientras
me esfumo como tu polvo de hadas;
mientras
en tu pecho
se
metamorfosean las mariposas,
y
vuelan chocándose contra las paredes
de tu
estómago
- que absurdo -
que
desafortunado el no quererte,
el no
soñar contigo,
el
reír,
desentonar,
titubear
con lo único que escribo,
que
afortunada soy por no encontrarte,
y que
privilegio el ser la única
que ha
saboreado tus cosquillas,
y se ha
perdido entre tu pelo
y se ha
encerrado en tu castillo
de
dragones, habiendo luchado
contra
ellos.
Mirarte
con el placer,
de
aquello que sabes que nunca tendrás,
con el
corazón cerrado a cal y canto,
y la
cremallera del pecho trabada por dentro
para no
poder volverla a abrir.
Que
desatino el haberme caído en el abismo de tu cuello.
Repito,
Habría
sido magnifico desconocerte,
Pequeña.
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