lunes, 21 de diciembre de 2015

Pequeña.

Que amargo fue desconocerte,
volar hasta tu cuello
y encerrarme en ese maravilloso
cuento de hadas que se encuentra
en tu cabeza;
donde las cosquillas
son el síndrome mas bonito
de felicidad.

Te gusta espolvorear tu esencia
con esa mágica forma de sonreír tan peculiar,
encantando a los seres malignos
que viven en mi conciencia,
y apartarme.

Repito,
que desafortunado el desconocerte
y el conocerte dormida.
El ser la única que puede desear
que se pare el tiempo cuando respiras a mi lado
el ser la única que puede vivir esa
melodía de respiraciones y frenesí,
que repites entre tus sabanas,
desnuda.

El poder abrigarte
con una desesperada risa,
y el abrazarte con mi melancolía.

Te miraré despacio,
mientras me esfumo como tu polvo de hadas;
mientras en tu pecho
se metamorfosean las mariposas,
y vuelan chocándose contra las paredes
de tu estómago
                - que absurdo -
que desafortunado el no quererte,
el no soñar contigo,
el reír,
desentonar,
titubear con lo único que escribo,
que afortunada soy por no encontrarte,
y que privilegio el ser la única
que ha saboreado tus cosquillas,
y se ha perdido entre tu pelo
y se ha encerrado en tu castillo
de dragones, habiendo luchado
contra ellos.

Mirarte con el placer,
de aquello que sabes que nunca tendrás,
con el corazón cerrado a cal y canto,
y la cremallera del pecho trabada por dentro
para no poder volverla a abrir.

Que desatino el haberme caído en el abismo de tu cuello.

Repito,
Habría sido magnifico desconocerte,

Pequeña.

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