miércoles, 23 de diciembre de 2015

La importancia de una sola frase.

Te acostumbraste a decirme
que todo lo que hacía, estaba mal hecho,
y que nunca la perfección, llevaría mi nombre.

Te acostumbraste a decirme, que la muerte,
solo era una etapa más, para llegar
a poder reencarnarme en mariposa
aunque en tu opinión,
solo llegaría a ser una mosca cojonera.

Te acostumbraste a decirme que no existía
el amor sin el sexo,
ni la amistad sin dinero,
y que lo más preciado en la vida
no era la palabra.

Te acostumbraste a dejarme por los suelos,
y  seguir pisoteándome hasta que te diese por pasar de mí
para ir a recoger tu orgullo a otra parte,
a buscar a alguien que no pudiese juntar los granos de arena
para hacer una castillo;
a alguien que no pudiese coger su queja
juntarla letra por letra,
y escupírtela a la cara con una sola palabra,
“egoísta”.

Existen mas palabras para describir lo que me has hecho
y sigues haciéndome.
Pero no merece la pena, encontrar rimas,
ni mencionar, que si quiero llegar a mariposa
es porque volar implicaría
poder mirarte por encima de tus zapatos;
que no pudieses cogerme por muy alto
que estuviese tu ego,
que mis lagrimas harían de tu cielo un día nublado
y mi alegría,
te mostraría que existe sol mas allá de la tormenta y de los truenos
que son tus gritos.

Que la perfección puedo conseguirla siendo yo,
para aquellos que quieran buscarla en mi sonrisa.

Que puedo buscar el amor si quiero, pero que el sexo
mola bastante, más aún si encuentras el placer
en el vicio que son los orgasmos
y la risa, dentro de un polvo.

Y que el dinero, sirve para comprar el sustento,
pero no va a hacer mejor por ello a una persona.

Por ello hice de la palabra mi vida, y de ella un arte. 
Y te arrepentiste aún más de ver, lo que podía hacer con ella.

Cometiste un gran error,
me hiciste aprender a creer en aquello
que me dijiste en una de las veces que te hice caso
“de lo que te digan no te creas nada, y de lo que veas, la mitad”,
a día de hoy lo comparto.

No es por subir mi ego,
pero ahora mismo,
mis pies no tocan el suelo,
Y los tuyos,
Se están hundiendo en el barro. 

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