Ella estaba
sola, asustada, el corazón se le salía del pecho, latiendo asincopado, como si
de morse se tratara su lenguaje. -¡como para intentar descifrarlo! -. Estaba cansada de llorar, daba igual lo que
hiciese, una vez y otra sus fantasmas volvían a aparecer, y con ello sus
miedos. No podía contarlo, cada vez se le hacía más grande el mundo, y gritar
era imposible, aunque de vez en cuando, saliesen de su interior sonidos un poco
absurdos, unas veces más profundos que otros; ella intentaba sonreír, solo quería
olvidarse de lo que le rodeaba, aunque era bastante imposible.
Podríamos
decir, que su vida era paradójica, con un poco de sarcasmo, y su forma de vivirla
más que nada redundante. Se dedicaba a observar todo lo que le rodeaba con un
toque de retintín y una sonrisa rota en su cara. Rota… quebrada por dentro
vivía, con un sonido inaudible en su corazón, y esperanzada, esperando que
llegara la hora de vivir de verdad y de dejar todo lo anterior, a un lado.
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