Como
cuesta pasar al lado tuya,
y no
girarme para mirarte el culo,
¡Qué coño!,
lo hago.
Cuánto cuesta
escucharte hablar y no callarte con un beso,
joder,
hija mía que labios.
Cuánto cuesta,
no sentir celos del mundo, porque todos
puedan
mirarte y soltar por dentro
- “lo que
yo te haría si te cogiese” - ,
y cuanto
cuesta reconocer, que yo también
lo hago
a veces.
Es
pecado, reírme hablando contigo
cuando la
conversación se torna caliente
en cualquier
punto álgido de la noche;
cuando el
tonteo, roza lo absurdo de las ganas que nos tenemos,
cuando las
ganas no cesan ni cuando nos tocamos.
Que poco
cuesta dedicarte una poesía,
que describa
las ganas que te tengo,
como si
yo no fuese un cristal
y pudieses
ver a través de mi pecho,
de mis
ojos, o de mi forma de reaccionar cuando te toco.
Tiene un
toque de gracia pensar, que a veces la atracción
roza lo
incoherente contigo, o sin rozarlo;
porque con
nosotras es bastante comprensible.
Me reitero
en decir, lo que jode que la gente
confunda
los “te
quiero” con un “tengo ganas de follarte”, y que el gustar
pinte ya
más de enamorado,
que el
que alguien quiera empotrarte en la pared.
Y que
me gusta, que la descripción de ser normal
no entre
dentro de mi diccionario,
ni dentro
del tuyo.
Y que me
gusta ser tan clara, y ser basta desde mi nacimiento,
y que
si quiero comerte entera te lo digo, y no me lo callo,
¿Para que
malinterpretar cosas cuando es fácil decir
“te
follaría, hasta que follar, desapareciese de mi diccionario”?
No hay comentarios:
Publicar un comentario