Veo pasar las noches y los días
por mi ventana,
cuento los versos que,
asustados, escapan de mis manos,
en mi pecho, un vacío,
aquel amargo sabor,
que dejaron tus besos,
aquel dolor,
que va en crescendo cada día
y, aquella voz,
música y delicia para mis oídos.
convertidas en puñaladas
por las que hoy muero,
aquellas notas, que alegres salían,
del arpa escondido en el armario,
si, esa que estampaste en mis oídos,
aquella que rompiste delante de mis ojos,
la que destrozaste con mucho enojo,
como a aquel amago de corazón
con el que vivo.
Tan solo el silencio,
aquel que dejaste en mis oídos,
es el que guarda mi nuevo espíritu,
el cual por tu culpa ya se ha ido.
Se fueron los alegres caminares,
se fueron, y vinieron los suspiros,
los llantos y los gritos,
y quedó el amor,
tan solo el amor que por ti siento
y por el que respiro.
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