LABIOS SABOR A LÁGRIMAS.
Recorre el rostro desnudo,
sin ninguna máscara,
tez blanca,
ojos cerrados;
humedad.
Del ojo sale un camino,
que lleva al entorno carnoso
que son tus labios.
¿qué hay que hacer
para poder llegar a ellos?
Por ese camino de lágrimas dulces
se pasean mis besos.
Primero leves, luego
intensos,
aceleran el pulso que
agitándose se descubre en el cuello,
a lo largo de tu vena yugular.
Tan sólo ese latir,
tan sólo esa existencia que llena
mi hundido y amargo alma,
y esos besos,
esos que saben a soledad,
esos que quitan el hambre y,
te dejan en su lugar profundidad,
hacen un surco grande,
profundo, sin límite alguno,
en el extremo derecho de tu pecho,
ahí donde en algún momento,
se halló el corazón.
Háblame de tus sentimientos,
háblame del porqué de esas lágrimas,
lágrimas que valientes,
e indefensas, sin escudo
ni espada, salen de tus ojos;
como dientes de sable,
con valor, con una fuerza
que ni mi voluntad interna
podría superar.
Déjame besar esas lágrimas,
besarlas una a una,
saborear ese profundo latir
de tus sentidos.
Déjame pensar en algo
que no sea esta profunda soledad.
Bésame, hazme sentir única,
haz que pase el tiempo
como si nunca hubiese pasado nada,
hazme reír, llorar y gritar
pero, nunca de miedo.
El miedo me hace cambiar,
me vuelve del revés al cielo,
me lleva por malos caminos,
que terminan,
en el más profundo infierno.
Sálvame de este gran miedo
que siento cuando te miento,
quítame las ganas de mentir,
échale sal a tus labios,
a las profundas rajas donde duelan las heridas,
para que se curen,
al igual que al corazón,
para que vuelva a tener un sentido,
porque al igual que las heridas,
que cicatrizan con el tiempo,
yo puedo cambiar
y convertirme en alguien nuevo.
Déjame besar tus labios
llenos de dulzura,
y recorrer con los míos
esas lágrimas que derramaste,
cuando aún
te seguía mintiendo.